Colegio
nuestra señora de Nazareth
Taller
de Filosofía 7°
Importante: Este taller debe ser resuelto en la casa y entregar en la próxima clase.
Lee atentamente el siguiente fragmento del libro “El
mundo de Sofía” de Jostein Gaarder.
Cuando la madre de Sofía estaba de mal humor por
alguna razón, decía a veces que su hogar era como una casa de fieras, en otras
palabras, una colección de animales de distintas clases. Y por cierto, Sofía
estaba muy contenta con la suya. Primero le habían regalado una pecera con los
peces dorados Flequillo de Oro, Caperucita Roja y Pedro el Negro. Luego tuvo
los periquitos Cada y Pizca, la tortuga Govinda y finalmente el gato atigrado
Sherekan. Había recibido todos estos animales como una especie de compensación
por parte de su madre, que volvía tarde del trabajo, y de su padre, que tanto
navegaba por el mundo. Sofía se quitó la mochila y puso un plato con comida
para
Sherekan. Luego se dejó caer sobre una banqueta de la
cocina con la misteriosa carta en la mano. ¿Quién eres? En realidad no lo
sabía. Era Sofía Amundsen, naturalmente, pero ¿quién era eso? Aún no lo había
averiguado del todo. ¿Y si se hubiera llamado algo completamente distinto? Anne
Knutsen, por ejemplo. ¿En ese caso, habría sido otra? De pronto se acordó de
que su padre había querido que se llamara Synnove. Sofía intentaba imaginarse
que extendía la mano presentándose como Synnove Amundsen, pero no, no servía.
Todo el tiempo era otra chica la que se presentaba. Se puso de pie de un salto
y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano. Se coloco delante
del espejo, y se miró fijamente a sí misma.
–Soy Sofía Amundsen
–dijo. La chica del espejo no contestó ni con el más leve gesto. Hiciera lo que
hiciera Sofía, la otra hacia exactamente lo mismo. Sofía intentaba anticiparse
al espejo con un rapidísimo movimiento, pero la otra era igual de rápida.
–¿Quién eres? –preguntó. No obtuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un
breve instante llegó a dudar de si era ella o la del espejo la que había hecho
la pregunta. Sofía apretó el dedo índice contra la nariz del espejo y dijo: –Tú
eres yo: Al no recibir ninguna respuesta, dio la vuelta a la pregunta y dijo:
–Yo soy tu. Sofía Amundsen no había estado nunca muy contenta con su aspecto.
Le decían a menudo que tenía bonitos ojos almendrados, pero seguramente se lo
dirían porque su nariz era demasiado pequeña y la boca un poco grande. Además,
tenía las orejas demasiado cerca de los ojos. Lo peor de todo era ese pelo liso
que resultaba imposible de arreglar. A veces su padre le acariciaba el pelo
llamándola la muchacha de los cabellos de lino», como la pieza de música de
Claude Debussy. Era fácil para él, que no estaba condenado a tener ese pelo
negro colgando durante toda su vida. En el pelo de Sofía no servían ni el gel
ni el spray. A veces pensaba que le había tocado un aspecto tan extraño que se
preguntaba si no estaría mal hecha. Por lo menos había oído hablar a su madre
de un parto difícil. ¿Era realmente el parto lo que decidía el aspecto que uno
iba a tener? ¿No resultaba extraño el no saber quien era? ¿No era también
injusto no haber podido decidir su propio aspecto? Simplemente había surgido
así como así. A lo mejor podría elegir a sus amigos, pero no se había elegido a
sí misma. Ni siquiera había elegido ser un ser humano. ¿Qué era un ser humano?
Sofía volvió a mirar a la chica del espejo. –Creo que me subo para hacer los deberes
de naturales –dijo, como si quisiera disculparse. Un instante después, se
encontraba en la entrada. No, prefiero salir al jardín, pensó. . –¡Misi, misi, misi,
misi! Sofía cogió al gato, lo sacó fuera y cerró la puerta tras ella.
1. ¿Cómo podemos relacionar
lo trabajado en los temas -Mi YO en el
espejo y Cómo me describo - con la
lectura anterior?
2. Explica que es lo que realmente nos
identifica como seres únicos.
3 ¿Quien eres tú?
4. ¿Como te describes? Realiza un dibujo de ti.
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